La carga mental

Es imposible apagar mi cerebro. Aún si parece que estoy totalmente enfocada en una tarea en particular, ya sea trabajando, jugando con mi hijo, cocinando, limpiando, o en la segunda hora de mis "solo 10 minutos" de mirar Instagram; hay otra parte de mi cerebro que está constantemente funcionando, como la TV que dejas prendida de fondo porque es mejor escuchar Friends por vigesimoquinta vez que tus propios pensamientos.

Porque en todo momento del día, sé exactamente cuánta comida queda en la heladera, qué día hay que ir a hacer las compras y qué cosas hay que comprar; sé cuánta ropa sucia hay para lavar y cuántos atuendos le quedan limpios a mi hijo, y que esta semana tengo que ordenarle la ropa para ver qué cosas ya no le entran; sé que tengo que sacarle hora con el médico; sé que tengo que pagar la tarjeta de crédito y qué otras cuentas hay que pagar en qué días; sé si hay que lavar los pisos, si hay que desinfectar el baño, si las gatas tienen comida, y todo lo demás también. Me mantengo siempre pendiente de todas las tareas del hogar con la energía de un hijo del medio que anhela la aprobación de sus padres.

Ese sentimiento de siempre tener que acordarse de todo se conoce como "La carga mental" y es algo que la mayoría de los adultos llevan consigo todo el tiempo, en especial si tienen hijos cuyas necesidades también son su responsabilidad. Pero, al igual que los estándares de belleza inalcanzables o la maldición de los pantalones sin bolsillos, es una carga con la que lidian principalmente las mujeres.

 
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No siempre, claro (#Feminismo). Pero incluso hoy, cuando las mujeres son una parte importante de la fuerza laboral, siguen siendo ellas las que suelen caer en ese rol más maternal de ama de casa y niñera, mientras que sus parejas asumen un rol más masculino de configuradores de wifi y evasores de emociones.

Como dije antes, en mi caso, soy yo quien lleva gran parte de esa carga mental y quien controla las tareas del hogar. Mi novio, que me ama, a menudo se da cuenta de que estoy abrumada y se ofrece a ayudar. Y aunque tiene las mejores intenciones, también me hace sentir como que son mis tareas y que él me está ayudando a hacerlas. Porque a diferencia de él, yo no voy por la casa preguntándole "¿Te parece si yo hago la cama?", "¿Querés que yo cocine y limpie hoy?" o "Por favor, dejame preocuparme por todo y todos en esta casa y comerme todas las galletitas para lidiar con mi ansiedad"... Simplemente lo hago.

Y mientras que él se está ofreciendo a hacer cosas, cada vez que pregunta si me puede ayudar a hacer el almuerzo o lavar los platos, está de hecho ayudándome a escribir la historia de cómo me terminé convirtiendo en villana de Marvel.

Hay una artista francesa llamada Emma Clit, quien explicó este concepto mejor que nadie en su cómic "Me lo tendrías que haber pedido", en el que dice: "Cuando un hombre espera que su pareja le pida que haga cosas, la ve como la encargada de las tareas del hogar. Y por ende, todavía depende de ella saber qué se debe hacer y cuándo. Y aunque están ayudando, también están evitando asumir su parte de la carga mental". En resumen, al preguntarme qué hay que hacer, me convierte en la jefa, y yo no soy su jefa. Ni siquiera soy la jefa de mi hijo, aunque lo hice desde cero así que sí tengo derechos de autor.

 
Crédito: Emma Clit

Crédito: Emma Clit

 

Citando a todas las mujeres que alguna vez fueron descritas como "locas" por un hombre, "No quiero que me traigas flores, quiero que me quieras traer flores", excepto que hay que reemplazar "traer flores" por "ignorar los estereotipos de género de la sociedad y compartir las responsabilidades del hogar como si ambos fuéramos adultos capaces que seguramente sepan cómo desinfectar el baño si realmente le ponemos ganas."

En mi caso en particular, hay otros factores que también contribuyen a esta desigualdad en la división del trabajo en nuestra casa. Por un lado, soy un poco controladora. Por ejemplo: me gusta guardar la ropa de mi hijo en diferentes categorías como zapatos, pantalones, camisas, buzos, trajes de tres piezas reservados para conocer a la Reina de Inglaterra, ropa interior, shorts, etc; que luego se organizan en subcategorías según el talle, el color, la tela y por atuendo. Es decir, como una persona normal. Y su padre en cambio prefiere el método "¿Es ropa? Va en el ropero", por lo que prefiero hacerlo yo.

Y, por otro lado, me gusta complacer a la gente, no me gusta la confrontación, quiero caerle bien a todos, mi lenguaje de amor es “actos de servicio”, y cualquier otra frase que les guste para no decir que en realidad soy insegura. Por lo que que la mayoría de las veces siento que estoy incomodando a las demás personas cuando no hago cosas por ellas. Pero estoy tratando de mejorar; estoy intentando decir “no” y no sentirme culpable. Y cuando lo logre, bueno, agárrense, van a ver, YA VAN A VER, pero solo si les parece bien, no hay problema si no, mil disculpas, gracias, los saludo atentamente.

 
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En defensa de mi novio, él a veces hace el esfuerzo por compartir la carga mental. Hace las compras y hay días en que se levanta particularmente inspirado y, voluntariamente, sin que se lo pida nadie, cocina un almuerzo o lava los platos, como un héroe. Pero la realidad es que las tareas todavía están divididas de manera desigual. No es por ser dramática, pero estoy bastante segura de que si dejo de hacer mi parte de las tareas del hogar y la planificación que conllevan, la casa se derrumbaría por el peso de su propia suciedad, todos quedaríamos atrapados bajo pilas de ropa sucia en camas deshechas, nos moriríamos de desnutrición y nos comerían las gatas.

Pero el wifi funcionaría bárbaro.

En conclusión, mi consejo para cualquier mujer que se sienta cansada de lidiar con la mayor parte de la carga mental en sus hogares, es que hablen con sus parejas. Les propongo que inicien una charla sobre cómo la selección seguro hubiera ganado el último mundial si todos se hubieran apoyado más como equipo porque cuando una persona sola tiene toda la responsabilidad del grupo es imposible que nadie prospere y ja, ja! de pronto están hablando de la división de tareas del hogar y decidiendo quién debe planificar las comidas para el mes que viene. Bien hecho.

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